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Observaciones al alcance del EIA Bloque 43

8. IDENTIFICACIÓN DE AREAS SENSIBLES EN EL PROYECTO Y ANÁLISIS DE RIESGOS.

Publicado en OBSERVACIONES AL ALCANCE DEL EIA BLOQUE 43

 La identificación de áreas sensibles en el proyecto – con su respectiva determinación de áreas directa e indirecta de influencia – ha sido cálculada de manera segmentada, en base a las diversas actividades (tendidos de tubería, trazado de vías, implementación de los centros de facilidades, etc.) que contempla el proyecto. Esta segmentación, lejos de permitir una aproximación más detallada a las áreas de impacto, resulta a todas luces insuficiente pues es incapaz de medir el impacto acumulado de este nuevo proyecto extractivo en toda la zona del Parque Nacional Yasuní.

La determinación de áreas sensibles deja de lado importantes variables, tales como el impacto social que tendría el proyecto en las comunidades de la rivera del Napo y Tiputini, las presiones sobre posibles cotos de caza, pesca y corredores de movilidad de los PIA[1] y las áreas de afectación desde el punto de vista de tránsito de las especies y zonas de reproducción de fauna.

El criterio con el que se han trazado las áreas de sensibilidad se derivan de parámetros estandarizados que no se corresponden con el alto grado de sensibilidad de una formación ecosistémica como la hallada en el Parque Nacional Yasuní. La valoración de áreas sensibles bajo estos parámetros puede resultar válida para zonas previamente intervenidas, pero no para un bosque tropical no intervenido y con la complejidad del entramado de biodiversidad que alberga el Yasuní.

En cuanto al análisis de riesgo efectuados, señalamos que los autores de la evaluación NO han incorporado a los cálculos de probabilidad elementos que son cardinales para la estimación del riesgo, al tiempo que tienden a subvalorar – de manera claramente arbitraria – la ocurrencia de eventos adecuados al contexto de una zona frágil en términos ecosistémicos, con gran nivel de precipitaciones y propensa a las condiciones de los humedales y zonas inundables.

 

En la evaluación (capítulo 7) se distingue entre “Riesgos derivados del ambiente al proyecto” y “Riesgos derivados del proyecto al ambiente”.

En cuanto a los riesgos derivados del ambiente al proyecto”, se incluyen riesgos físicos entre los que se encuentran peligros de sismos, erupciones volcánicas e inundaciones.

De éstos, sólo el riesgo de inundaciones se encuentra ponderado con un valor alto.

Entre los riesgos biológicos se evalúa la presencia de animales vectores de enfermedades, mordeduras de culebras y presencia de plantas peligrosas. Se le da un valor alto al riesgo de las mordeduras de culebras.

Posteriormente se evalúa el riesgo que significa la población local para el proyecto, y se da un valor de riesgo serio a posibles daños a las personas o a la infraestructura (como bloqueo de vías, toma de rehenes, etc.)

Por supuesto, un análisis de riesgos serios, no se limitaría a considerar únicamente estas variables o procuraría al menos ponerlas en contexto. En las metodologías de análisis de riesgos más contemporáneas, se efectúan análisis de escenarios y análisis de alternativas como dos elementos que permiten analizar la viabilidad o no de un proyecto y tomar decisiones en base a escenarios complejos y móviles.

Para señalar algunas deficiencias claves del análisis de riesgo presentado:

  • No se analizan los riesgos que a partir por ejemplo de las inundaciones podrían producirse sobre el medio ambiente (derrames de contaminantes de perforación, de los químicos almacenados, en las plataformas…. )
  • Es importante destacar que para el evaluador, la población local es un factor de riesgo serio, sin analizar las causas sociales y culturales de estos hechos.

La segunda parte aborda los riesgos del proyecto hacia el ambiente del Parque Nacional Yasuní. Se clasifica los riesgos en:

  • derrames
  • incendios
  • accidentes
  • reventón

Casi todos los riesgos relacionados con derrames son catalogados como“insignificantes” o “pequeños”. Esto llama la atención porque por un lado se había calificado con alto el riesgo de inundaciones, y las inundaciones pueden producir derrames, pero el evaluador no establece una correlación entre los dos factores.

El único riesgo moderado es el que podría producirse a partir de las líneas de flujo. En el cuadro sobre la probabilidad de ocurrencia, dice:

“Petroamazonas EP no dispone de información respecto a derrames de crudo durante la operación de línea de flujo; sin embargo, no se espera que este evento ocurra”.

Esta afirmación es sorprendente, porque usan como criterio de probabilidad, el que se hayan dado otros derrames en ese sitio, a partir de las operaciones de la empresa Minas y Petróleos en 1979 y de Petroecuador en 1993, donde ambas empresas realizaron trabajos iniciales, apenas ligados a la exploración. El criterio debería ser lo que ocurre ya en zonas productivas, donde se registran todo tipo de derrames[2].

Con igual criterio se califica la probabilidad de ocurrencia de incendios, accidentes y reventón, y todos estos parámetros se les da un valor de “A”, que significa “muy raro”.

La conclusión a la que llega el evaluador de riesgos es muy peligrosa, pues al afirmar que la ocurrencia de que derrames es baja (basándose en el criterio de que en los trabajos preliminares hechos en ese campo no se han registrado este tipo de contingencias, y al darles una valoración tan mínima como insignificante o baja, significa que en el plan de contingencias, no se va a contemplar medias para enfrentar derrames, más allá de los derrames a partir de la línea de flujo.

En cuanto a la vulnerabilidad, el criterio que se maneja por ejemplo para los derrames de lodos de perforación.

“Se asigna dicha ponderación porque los lodos de perforación son en base agua y son inocuos para el ambiente. Además que éstos difícilmente saldrían de las plataformas”.

Al respecto hay que señalar que hay dos tipos de lodos de perforación: en base a petróleo, que ya no se usan en casi ninguna parte del mundo, y en base a agua. Los lodos de perforación con base a agua incluyen[3]:

Una fase líquida donde se mantendrá en suspensión los diferentes aditivos que forman las otras fases, que puede ser agua (dulce o salada) o una emulsión agua- petróleo.

La fase coloidal o reactiva está constituida por la arcilla, que será el elemento primario utilizado para darle cuerpo al fluido. Se utilizan dos tipos de arcilla dependiendo de la salinidad del agua. Si el lodo es de agua dulce se utiliza montmorillonita y para lodo elaborado con agua salada se utiliza una arcilla especial cuyo mineral principal es la atapulguita.

La fase inerte está formada por el material densificante ( barita ), que es sulfato de bario pulverizado de alta gravedad específica, 4.2. Los sólidos no deseables como la arena y sólidos de perforación también se ubican dentro de esta fase.

La fase químicas está constituida por iones y sustancias en solución tales como dispersantes, emulsificantes, sólidos disueltos, reductores de filtrado y otras sustancias químicas que controlan el comportamiento de las arcillas. En los lodos de perforación se incluye además biocidas para evitar la presencia de bacterias descomponedoras.

¿Qué riesgos entrañan estos químicos en los frágiles suelos amazónicos? Esto es algo que no se aborda en la evaluación de riesgos.

Sobre la vulnerabilidad de derrames de crudo durante la perforación dice:

“Se asigna dicha ponderación (baja” debido a que el derrame difícilmente saldría de las plataformas”

Esta aseveración no toma en cuenta, que el mismo análisis de riesgo físico dio como alta la probabilidad de inundaciones. Un derrame en un ambiente con estas características resulta difícilmente contenible solamente en el área de plataformas.

Hay otro tipo de derrames que son valorados como más críticos (como los de petróleo a partir de las líneas de flujo), pero no se incluye un plan de manejo del riesgo, ni un plan de contingencias. Al respecto de este punto, es importante señalar que el evaluador le preocupa sólo “el crudo contenido en las líneas de flujo”, y no las aguas deformación (que son muy tóxicas, especialmente para el medio ambiente amazónico), y el gas asociado.

Llama también la atención que se de una valoración más alta a los derrames producidos a partir de vehículos, pues los volúmenes de substancias contaminantes es muchísimo menor que la que se puede transportar por las líneas de flujo, por la que circula miles de barriles diarios de agua + petróleo + gas.

En todo caso, no se incluye un plan de manejo de estos riesgos.

En cuanto a los incendios, se les da una calificación de moderada, pero se señala únicamente el riesgo a los trabajadores, más no al ecosistema. Si llama la atención lo que se afirma:

Un incendio siempre puede resultar un fenómeno peligroso, pero cabe recalcar que en caso de ocurrir no tendría dimensiones importantes, ya que el medio en el que puede ocurrir no facilita su propagación”.

Dado que estamos hablando de un campo petrolero, y que el petróleo es un combustible, un incendio puede ser muy difícil de controlar. Este fue el caso del incendio en el pozo Cononaco 19, que duró doce días, y fue necesario contratar a los Diablos Rojos, expertos internacionales en incendios petroleros.

Los accidentes relacionados con la operación petrolera es considerada entre pequeña y moderada, a pesar que en el factor “accidente durante las perforaciones con heridos dice

“La vulnerabilidad asignada es “Catastrófica” ya que las heridas que pueden ocasionarse derivadas de un accidente en perforación pueden ser de gravedad e incluso significar la muerte como ocurrió en uno de los incidentes reportados”.

La muerte de un empleado es calificada como “riesgo moderado”.

En cuanto al riesgo de un reventón, que es definido como

“Una salida violenta de petróleo y gas por la boca de un pozo cuando éstos fallan, debido a la liberación de presión de un yacimiento o la falla de los sistemas de contención (fallo estructural, de cementación, etc.).

Cuando se evalúa su vulnerabilidad dice:

Un reventón de pozo es un incidente de gravedad, que puede implicar heridos e incluso muertos.

A este factor se le da la valoración a este parámetro se lo califica como “pequeño”, posiblemente porque la “probabilidad de ocurrencia” se le da un valor de “A”, al no contar con información estadística sobre la ocurrencia de reventones.

A pesar de la pobreza de factores de riesgos analizados, y de que a muy pocos se les otorga un factor de riesgo alto, no se incluye un plan de manejo de estos riesgos, ni se trabaja con escenarios alternativos, que es parte de toda evaluación de riesgo seria.



[1] Si no existe en el estudio identificación de tales corredores, mal podrían desarrollarse análisis más complejos en este sentido.

[2] Ver por ejemplo una noticia última de un derrame producido a partir de las líneas de flujo en Sucumbíos., en un campo de Petroamazonas

http://www.ecuadorinmediato.com/index.php?module=Noticias&func=news_user_view&id=2818770837&umt=tubereda_de_petrf3leo_explotf3_provocando_derrame_en_sucumbedos

[3] Moreira, L. 2003. “Análisis del fluido de perforación Visplex para Pozos Horizontales utilizados en un campo del Oriente Ecuatoriano” Tesis de Ingeniería en Ciencias de la Tierra”. ESPOL.